HEROÍNAS CONTRA CAOS

TRAGEDIA AMBIENTAL: La economía del bote salvavidas, la política de la extinción

Cambio climático

Bueno, querida, soy Tamara, y esta es mi historia, una que abarca décadas, empezando en 2022, cuando yo tenía dieciséis.

Todo empezó con Zsófi, casi dieciocho, la jefa de prefectos con su uniforme escolar impecable, su mundo entero su huerto de cerezas. Su mamá recién había fallecido, dejando a Zsófi cargada de dolor, una deuda aplastante y la feroz convicción de que el planeta necesitaba ser salvado desesperadamente. Ella veía el mundo con claridad, con crudeza, alineándose con Greta Thunberg y Extinction Rebellion, y nunca tuvo miedo de decir lo que pensaba.

Entonces llegó Yuvan, un amigo de la familia que apareció en una camioneta monstruosa, todo trajes elegantes y conversaciones de ciudad. Él veía tierra y ganancias; Zsófi veía vida y futuro. Él era su antítesis, un símbolo andante de todo contra lo que ella luchaba.

Entré como un huracán en la vida de Zsófi desde EE. UU., un torbellino de rebeldía adolescente y secretos propios. Me aferré a ella, encontrando consuelo y una especie de idealismo feroz que nunca había conocido. Tuvimos nuestros momentos despreocupados, nuestras charlas hasta tarde, pero incluso entonces, yo cargaba con cosas que no podía compartir.

El mundo, querida, ya estaba en agitación. Los dos ciclones en Hawke’s Bay, Hale y Gabrielle, no solo inundaron huertos; reconfiguraron destinos. Zsófi, con la fuerza constante de Altan, su recolector de fruta mongol, y la sabiduría silenciosa de Inna, una botánica rusa, intentó reconstruir. Pero fuerzas poderosas –hombres de negro, drones, vigilancia– estaban observando. No les gustaba el activismo de Zsófi, su creciente movimiento global, CAGE. Se opusieron con fuerza, y con mucha.

La vida seguía dando golpes, pero Zsófi siguió luchando. Y entonces, llegó el enemigo más silencioso y brutal de todos. El mundo entero cambió para siempre. Fue entonces cuando mi verdadera historia comenzó, impregnada de una culpa que todavía persigue mis momentos de tranquilidad, y un amor lo suficientemente feroz como para reconstruir un mundo destrozado.

Sobrevivimos. Teníamos que hacerlo. Esta es la historia de cómo, dónde, y por qué.

Que Dios te bendiga, querida, y te mantenga a salvo.

Tamara.